Sábado Santo

ORACIÓN DE LA MAÑANA

Salmo 139

Señor, tú me escrutas y conoces;
sabes cuándo me siento y cuándo me levanto,
mi pensamiento descubres desde lejos;
esté yo en camino o acostado, tú lo sabes,
familiares te son todos mis pasos.

No ha llegado la palabra a mi lengua,
y ya tú, Señor, la conoces entera;
me aprietas por detrás y por delante,
y tienes puesta sobre mí tu mano.
Esto es un misterio para mí,
tan alto que puedo alcanzarla.

¿A dónde iré yo lejos de tu espíritu,
a dónde de tu rostro podré huir?
Si hasta los cielos subo, allí estás tú,
si en el infierno me acuesto, allí te encuentras.
Si tomo las alas de la aurora,
si voy a parar a lo último del mar,
también allí tu mano me conduce,
tu diestra me aprehende.

Aunque diga: «¡Me cubra al menos la tiniebla,
y la noche sea en torno a mí un ceñidor,
ni la misma tiniebla es tenebrosa para ti,
y la noche es luminosa como el día.
Porque tú mi corazón has formado,
me has tejido en el vientre de mi madre;
yo te doy gracias por tantas maravillas:
prodigio soy, prodigios son tus obras.

Mi alma conocías cabalmente,
y mis huesos no se te ocultaban,
cuando era yo formado en lo secreto,
tejido en las honduras de la tierra.
Mi embrión tus ojos lo veían;
en tu libro están inscritos todos
los días que han sido señalados,
sin que aún exista uno solo de ellos.

Mas para mí ¡qué arduos son tus pensamientos,
oh, Dios, qué incontable su suma!
¡Son más, si los recuento, que la arena,
y al terminar, todavía me quedas Tú!

¡Ah, si al injusto, oh Dios, mataras,
si los hombres sanguinarios se apartaran de mí!
Ellos que hablan de ti sin piedad,
tus adversarios que se alzan en vano.

¿No odio, Señor, a quienes te odian?
¿No me asquean los que se alzan contra ti?
Con odio colmado los odio,
son para mí enemigos.

Sóndame, oh Dios, conoce mi corazón,
pruébame, conoce mis desvelos;
mira no haya en mí camino de dolor,
y llévame por el camino eterno.


Jesús no está, y sus amigos, los apóstoles, están tristes. Pero su madre, María, se acuerda de lo que dijo su hijo : «Al tercer día resucitaré».
Ella, a pesar su dolor, no olvida las palabras de Jesús y las guarda en su corazón con esperanza.

María, te pedimos por todas las personas que han perdido la esperanza, que están pasando por un momento difícil, para que encuentren en ti fuerza y consuelo.

Ayúdanos a permanecer a pesar de nuestras dificultades y debilidades.
Ayúdanos a acompañar a todo aquel que nos necesita para que nunca pierda la esperanza.
¡Gracias, María, por confiar y cuidar de todos nosotros!


Canción


Gesto

¿Qué quieres compartir con María? Cuéntaselo en una pequeña carta.