Nos acercamos a un momento muy complicado para Jesús, en el que sintió y siente más que nunca la oscuridad. Acompañarle a Él esta noche, es estar dispuestos a acompañar también las soledades de nuestro mundo de hoy y mirar allí donde sólo hay oscuridad.
MARCOS 14,32-42
[32] Llegados al lugar llamado Getsemaní, dijo a sus discípulos: Sentaos aquí mientras yo voy a orar. [33] Tomó con él a Pedro, Santiago y Juan y empezó a sentir tristeza y angustia. [34] Entonces les dijo: Siento una tristeza mortal; quedaos aquí velando.
CANTO: QUEDAOS AQUÍ, VELAD CONMIGO
[35] Se adelantó un poco, se postró en tierra y oraba que, si era posible, se alejara de él aquella hora. [36] Decía: Abba, Padre, tú lo puedes todo, aparta de mí esta copa. Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.
CANTO: PADRE, PONGO MI VIDA EN TUS MANOS
[37] Volvió, y los encontró dormidos. Dijo a Pedro: —Simón, ¿duermes? ¿No has sido capaz de velar una hora? [38] Velad y orad para no sucumbir en la prueba. El espíritu es decidido, pero la carne es débil.
PLANETA HERIDO
Sí, Jesús, duermo. Ando un poco dormido por la vida. Lo cierto es que me considero una buena persona. Ahora que el Papa ha publicado una encíclica sobre el cuidado de nuestro planeta, creo que soy una persona cuidadosa. Apago la luz cuando salgo de una habitación y cierro el grifo cuando me lavo los dientes. Incluso he puesto bombillas de bajo consumo y separo la basura para reciclarla.
En realidad, me veo como el joven rico que se acercó a ti en una ocasión. Cumplo con “los mandamientos” que hay para evitar contaminar más el planeta. Aunque tú le pediste otra cosa. Le pediste que te siguiera.
En casa, cuando cenamos tortilla de patatas, la repartimos entre todos. En el planeta, cuando vivimos de una determinada manera, utilizamos los recursos que nos proporciona nuestra madre Tierra. En España, tal y como vivimos, necesitamos dos planetas y medio. Así que me estoy comiendo toda la tortilla y, además, la tortilla de otra familia y media más. Bueno, sí, como hago todas esas cosas, seguramente con dos tortillas tenga bastante.
Haciendo todo eso que hago, ya me quedo tranquilo; me adormezco en mi sillón cuando se acaba el día.
En cambio, tú estás a otra cosa. No estás midiendo a ver si cumples o no cumples. Estás escuchando al Padre que te pide que te entregues por completo. Era lo que pedías al joven rico; que lo dejara todo y te siguiera.
Si no sigo tu ejemplo y cambio por completo mi vida, no sé cuánto tiempo el planeta va a poder seguir soportándome. No sé si mis hijos van a poder seguir disfrutándolo.
GESTO:
¿Qué cambios debo hacer para tratar la naturaleza como un regalo de Dios?
Oramos por las heridas que sufre nuestro planeta.
[39] Se retiró otra vez y oró repitiendo las mismas palabras. [40] Al volver, los encontró otra vez dormidos, porque los ojos se les cerraban de sueño; y no supieron qué contestar.
HERMANOS HERIDOS
Estoy dormida. Tengo los ojos abiertos, pero sigo dormida. Vivo en mi sueño de día inmersa en mi rutina, en mis problemas, mis preocupaciones, mis millones de cosas pendientes, dormida a lo que está viviendo esa compañera que se acaba de separar, ese amigo que acaba de perder el trabajo, ese vecino que vive solo, incluso a veces muy dormida a lo que están viviendo personas de mi propia familia.
Sin embargo, hay más. Hay mucho más.
No me doy cuenta de que no soy única en el planeta, sino que vivo en un mundo con muchas más personas, aquí a mi lado y también más allá de nuestras fronteras.
Hoy en día, las fronteras son más que simples delimitaciones. Estamos creando muros más que fronteras. Inconscientemente, guiados por el miedo, cerramos los ojos, bajamos las persianas y nos tapamos los oídos. Porque es más sencillo. Porque es más fácil pretender que no pasa nada que aceptar que hay alguien que no puede permitirse el lujo de cerrar los ojos.
Pero Señor, Tú quieres que esté despierta. Quieres que mis ojos cansados se mantengan abiertos. Que sea consciente del dolor que hay en el mundo, como tú lo fuiste.
Quieres que ayude a todo aquel que lo necesite, cerca y lejos. Gracias a las nuevas tecnologías es muy fácil conocer otras realidades, pero también es muy sencillo ignorarlas. Cuántas veces me quedo solo con las fotos de los estados de mis contactos, sin plantearme mandar un mensaje a esa persona que llevo mucho tiempo sin ver, sin escuchar, sin saber nada.
Es sencillo abrir los ojos a las realidades que están cerca, porque pueden suponer un peligro para mí.
Sin embargo, ¿quién se preocupa de aquellos que están huyendo de la guerra y el terror a miles de kilómetros de aquí?
Tú te preocupas, te preocupas de todos, sin importar el continente o país en el que estén porque, al final, somos todos hijos tuyos.
Ayúdame Señor a seguir tu ejemplo, a despertar de verdad, a no darme la vuelta frente a gente que está rogando ayuda.
GESTO:
¿Ante qué personas o grupos te ves o has visto más dormida o dormido?
¿Qué es lo que te hace dormirte a la realidad de otros?
Os invitamos a orar por aquellos que estén en la oscuridad.
[41] Volvió por tercera vez y les dijo: ¡Todavía dormidos y descansando! Basta, ha llegado la hora en que este Hombre será entregado en poder de los pecadores. [42] Vamos, levantaos, se acerca el que me entrega.
NOSOTROS HERIDOS
Sí, Jesús: duermo, en lugar de enfrentar.
En el Huerto de los Olivos estás sumido en una gran oscuridad; sin embargo, Tú afrontas la situación con valentía. No porque salgas fuera como un héroe, sino porque no eludes tus miedos y sufrimientos: los aceptas, los nombras, los pones en manos del Padre.
En mi vida, ¿cómo acojo las sombras? Y no me refiero ahora a los sufrimientos externos, sino a las sombras que habitan dentro de mí. Mi egoísmo y mezquindad en algunas ocasiones, mi búsqueda de la comodidad mirando hacia otro lado cuando me preguntan “¿dónde está tu hermano?”, mi necesidad de prestigio o reconocimiento para tapar mis inseguridades, mi tentación de echar balones fuera para no responsabilizarme de mis propios actos. En definitiva, mi empeño en seguir durmiendo, anestesiada en mi oscuridad.
A veces esa sombra me da tanta vergüenza que me cuesta incluso ponerla en manos de Dios. Llego a olvidarla durante un tiempo, pero de vez en cuando las heridas se vuelven a abrir, porque también son la arcilla de la que estoy hecha.
En esta parte final de la oración, quiero mirar mi propia oscuridad. Abrazarla, amarla y entregártela, para que Tú obres el milagro con ella. Abrirme a tu perdón, y al mío propio, sentir tu acogida incondicional también ahí. Y poder despertar, salir del huerto, mirándome a mí misma, delante de mis hermanos, y reconocer que esta también soy yo.
GESTO:
Un rato de oración personal para presentar al Señor aquellos aspectos de nuestra vida en los que preferimos seguir dormidos, para no hacernos conscientes y responsables de ellos.
Le ofrecemos nuestras sombras: con humildad, con amor, mirándonos con la misericordia con la que Él nos mira.