Texto 1. Todo ha pasado
Todo ha pasado. Cristo está en el sepulcro. El silencio rodea este día de misterio, de presencias, de recuerdos, de esperas, de decepciones… Los discípulos no saben qué pensar: lo prometido, lo vivido, no ha servido de mucho, no se ha cumplido. No esperaban este final. Tantos recuerdos, tantas enseñanzas, tantos gestos, tanta amistad…. Se remueve todo…hasta los infiernos.
Y María, como Madre, guardaba todo en su corazón. Desde el ángel hasta la cruz, madre y consoladora de su Hijo. Ha muerto el Hijo de sus entrañas y ahora todo se vuelve silencio y espera. Porque no ha perdido la mirada de Dios, y espera en Él… y mira al infinito, como perdida, removido su interior en la espera más conmovedora de la historia.
No es día solo de desiertos, de buscarse a sí mismos como si todo dependiera de nosotros/as… es tiempo de espera, de silencio: Dios que sigue obrando su misericordia.
Texto 2. El cristiano debe soportar el mal y no desfallecer
He aquí la fatiga, la prueba del anuncio: a pesar del celo, llega lo inesperado, a veces de la misma Iglesia. Para anunciar, en efecto, no basta dar testimonio del bien, es necesario saber soportar el mal. El cristiano hace el bien, pero soporta el mal. Ambas cosas van juntas; la vida es así. Incluso hoy, en tantos lugares inculturar el Evangelio y evangelizar las culturas requiere perseverancia y paciencia, requiere no temer el conflicto, no desfallecer.
Texto 3. Acudamos a la Madre
En la desolación la Virgen nos anima, diciéndonos: «¿No estoy yo aquí, que soy tu madre?».
Es hermoso, esto, la Virgen muchas veces cuando estamos en la desolación, en la tristeza, en la dificultad, también nos lo dice a nosotros, en el corazón: «¿No estoy yo aquí, que soy tu madre?» Siempre cerca para consolarnos y darnos fuerzas para seguir adelante. He aquí la sorpresa de Dios: cuando hay voluntad y obediencia, Él puede realizar algo inesperado, en tiempos y modos que no podemos prever.
María escucha nuestros llantos y cura nuestras penas. Aprendamos esto: cuando hay dificultades en la vida, acudamos a la Madre; y cuando la vida es feliz, acudamos a la Madre -también- para compartirlo. Necesitamos acudir a los oasis de consuelo y de misericordia, donde la fe se expresa en lenguaje materno; donde depositamos las fatigas de la vida en los brazos de la Virgen y volvemos a la vida con paz en el corazón, tal vez con la paz de los hijos.
Texto 4. Enseñanzas para el 2024 del Papa Francisco sobre María.
En su primera homilía del 2024, el Papa Francisco afirmaba sobre María:
“No lo olvidemos: la maternidad de María es el camino para encontrar la ternura paterna de Dios, el camino más cercano, más directo, más fácil, con esto que es el estilo de Dios: cercanía, compasión y ternura”.
“La Madre, en efecto, nos conduce al principio y al corazón de la fe, que no se trata de una teoría o de un compromiso, sino de un don inmenso, que nos hace hijos amados, moradas del amor del Padre”
“María, que conoce nuestras necesidades, apresura también para nosotros el desbordamiento de la gracia y lleva nuestras vidas hacia la plenitud”. “Todos nosotros tenemos carencias, soledades, vacíos que necesitan ser colmados”.
“¿Quién puede hacerlo sino María, Madre de la plenitud? Cuando estamos tentados de encerrarnos en nosotros mismos, acudimos a ella; cuando no logramos desenredarnos de los nudos de la vida, buscamos refugio en ella. Nuestro tiempo, vacío de paz, necesita de una Madre que vuelva a reunir a la familia humana”.
“Ella, con ternura, sabrá revelar su plenitud; porque nos conducirá a Jesús, y Jesús es la plenitud del tiempo, de todo tiempo, de nuestro tiempo. En efecto, como se ha escrito, “no ha sido la plenitud del tiempo lo que hizo que fuera enviado el Hijo de Dios, sino al contrario, el envío del Hijo dio lugar a la plenitud del tiempo” (cf. M. Lutero, Vorlesung über den Galaterbrief 1516-1517, 18).
Confiemos en el vaticinio Francisco, quien deseaba para este año, un año con tanto dolor en el mundo, que sea un año ”lleno de la consolación del Señor; que este año esté colmado de la ternura materna de María, la Santa Madre de Dios”.
Comienzo del silencio, acompañados por María.
Ambientación – Taizé instrumental
Francisco nos ha invitado a contemplar este año“el icono tan tierno de la Virgo lactans”, imagen procedente de la Abadía de Montevergine, al sur de Italia. “Así es la mama”, decía sobre este icono. “¡Con qué ternura nos cuida y está cerca de nosotros! Ella nos cuida y está cerca de nosotros”, añadía.

Material para ayudarnos en el silencio
A la luz del icono que se nos invita a contemplar, proponemos ponernos a la escucha de las siguientes frases y enseñanzas atribuidas al Papa Francisco sobre María. Que éstas iluminen nuestro silencio.
Un cristiano sin la Virgen está huérfano. También un cristiano sin Iglesia es un huérfano. Un cristiano necesita de estas dos mujeres, dos mujeres madres, dos mujeres vírgenes: La Iglesia y la Madre de Dios
La Virgen hace precisamente esto con nosotros, nos ayuda a crecer humanamente y en la fe, a ser fuertes y a no ceder a la tentación de ser hombres y cristianos de una manera superficial, sino a vivir con responsabilidad, a tender cada vez más hacia lo alto.
Es una mamá ayuda a los hijos a crecer y quiere que crezcan bien, por ello los educa a no ceder a la pereza (que también se deriva de un cierto bienestar) a no conformarse con una vida cómoda que se contenta sólo con tener algunas cosas.
María nos da la salud, es nuestra salud.
Es la mamá cuida a los hijos para que crezcan más y más, crezcan fuertes, capaces de asumir responsabilidades, de asumir compromisos en la vida, de tender hacia grandes ideales.
María es madre y una madre se preocupa sobre todo por la salud de sus hijos…. La Virgen custodia nuestra salud. ¿Qué quiere decir esto? Pienso sobre todo en tres aspectos: nos ayuda a crecer, a afrontar la vida, a ser libres
La Virgen María, por tanto, educa a sus hijos en el realismo y en la fortaleza ante los obstáculos, que son inherentes a la vida misma y que ella misma padeció al participar de los sufrimientos de su Hijo.
Es una madre que lleva al hijo no siempre sobre el camino “seguro”, porque de esta manera no puede crecer. Pero tampoco solamente sobre el riesgo, porque es peligroso. Una madre sabe equilibrar estas cosas. Una vida sin retos no existe y un chico o una chica que no sepa afrontarlos poniéndose en juego ¡no tiene columna vertebral!
María lucha con nosotros, sostiene a los cristianos en el combate contra las fuerzas del mal.
María es la madre que con paciencia y ternura nos lleva a Dios, para que desate los nudos de nuestra alma.
María es la buena mamá, una buena mamá no sólo acompaña a los niños en el crecimiento, sin evitar los problemas, los desafíos de la vida, una buena mamá ayuda también a tomar las decisiones definitivas con libertad.
Toda la existencia de María es un himno a la vida, un himno de amor a la vida: ha generado a Jesús en la carne y ha acompañado el nacimiento de la Iglesia en el Calvario y en el Cenáculo.
Consejos del Papa Francisco sobre María
Queridos hermanos: María, la Salus Populi Romani, es la mamá que nos dona la salud en el crecimiento, para afrontar y superar los problemas, en hacernos libres para las opciones definitivas; la mamá que nos enseña a ser fecundos, a estar abiertos a la vida y a ser cada vez más fecundos en el bien, en la alegría, en la esperanza, a no perder jamás la esperanza, a donar vida a los demás, vida física y espiritual.
Nuestro camino de fe está unido de manera indisoluble a María desde el momento en que Jesús, muriendo en la cruz, nos la ha dado como Madre diciendo:
«He ahí a tu madre» (Jn 19,27)
Miremos a María, “para ser constructores de unidad, y hagámoslo con su creatividad de Madre, que cuida de sus hijos, los congrega y los consuela, escucha sus penas y enjuga sus lágrimas”.
Oración a la Virgen:
María, haznos sentir tu mirada de madre, guíanos a tu Hijo, haz que no seamos cristianos de escaparate, sino de los que saben mancharse las manos para construir con tu Hijo Jesús su Reino de amor, de alegría y de paz.
Por el mismo Jesucristo, Nuestro Señor.
Amén.